La antigua filial de Samsung que no conoces y que colaboró con el ejército de Corea

Samsung HQ

Las compañías de teléfonos móviles nos tienen acostumbrados a no solo dedicarse a este pequeño gran sector. Muchas de ellas también fabrican tablets, auriculares, televisores, lavadoras y otros electrodomésticos como los que todos tenemos en casa. El caso más llamativo es el de Xiaomi, de cuyo inmeso catálogo ya hemos hablado en más de una ocasión.

Buena parte de ese catálogo viene predeterminado por lo que las compañías fueron en sus inicios. Huawei, por ejemplo, fue una compañía de telecomunicaciones, mientras que ZTE se dedicaba a lanzar auriculares y otros productos de audio. Samsung en un principio fue tan solo una empresa exportadora de pescado, pero en sus inicios hay otra cara de la que hoy vamos a hablarte.

Samsung fabricó armas desde finales de los años 80

Si bien no es ningún trapo sucio que se deba esconder, es probable que la inmesa mayoría de vosotros desconociese esta faceta de la compañía -entre los que me incluyo-. Una de las filiales de la compañía, bautizada como Techwin se dedicaba al negocio de la construcción y ensamblaje de cámaras fotográficas.

Sin embargo, en el año 1987, su objetivo se centró en el suministro de helicópteros, piezas para aviones y artillería para el ejército coreano. Y tan bien debió de funcionarle el negocio a Samsung que decidió mantener la nueva función de la Techwin y crear una nueva filial en 1997, centrada en las cámaras digitales que bautizó como Samsung Kenox.

A principios de los 2000, Samsung delegó parte de su industria aeronáutica en una compañía armamentística de caracter estatal, aunque siguió fabricando de forma puntual el modelo K9 Thunder, un carro de combate blindado capaz de lanzar proyectiles del calibre 155 a más de 40 kilómetros de distancia. Ahí es nada.

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Años más tarde, Samsung lanzó su primer robot asesino, capaz de reemplazar a los humanos en la zona desmilitarizada entre ambas Coreas. Este pequeño amigo es capaz de distinguir un objetivo a 3,2 kilómetros de distancia utilizando sensores infrarrojos. Cuenta además con un micrófono y un altavoz para escuchar las posibles contraseñas de seguridad. Si el usuario contesta de forma errónea hace sonar la alarma o pasa a la acción. Su precio es de 200.000 dólares, por lo que suponemos que es algo más rentable que el negocio de los smartphones.

En cualquier caso, los coreanos de Samsung se deshicieron de esta filial a finales del año 2014, cuando se la vendieron al conglomerado Hanwha Group, tras 38 años al mando. Poco o nada debe de quedar ya de aquella relación entre la antigua Samsung armamentística y la actual, tan centrada en la telefonía móvil, pero es una historia que merecía la pena contar.

Fuente y vídeo: Phone Arena

Imagen: Wikipedia

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