Con Libra Facebook se enfrenta al espíritu de bitcoin y las criptomonedas originales

Facebook quiere entrar de lleno en el ámbito financiero, y lo hará con una criptomoneda propia llamada Libra (≋). Esta criptodivisa es en cierta medida un intento de domesticar bitcoin y controlar el fenómeno desde las grandes megacorporaciones como Visa y Facebook.

Libra hace uso de muchos de los conceptos de las criptomonedas más conocidas, pero en realidad se enfrenta a algunos de sus principios más importantes –la privacidad y la transparencia entre ellos– y lo hace con un objetivo único: convertirse en todo aquello que bitcoin nunca ha sido.

Una ‘stablecoin’ en muchos sentidos

Libra se comporta más como una de las llamadas “stablecoin”, criptomonedas que están ligadas a monedas fiat tradicionales como el dólar o el euro. Aquí el objetivo es el de minimizar su volatilidad y que así su valor no pueda sufrir esos increíbles vaivenes que hemos visto con bitcoin, Ethereum, Ripple u otras.

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En Facebook explicaban cómo Libra está creada para ser “segura, escalable y fiable”, y el objetivo que destacan no es tanto el de que abandonemos nuestra tarjeta de débito del banco, sino la de proporcionar un sistema financiero allí donde la gente no puede acceder fácilmente a él, además de facilitar transferencias globales de dinero de forma sencilla y con bajas comisiones.

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Eso ya lo han intentado servicios como PayPal o Stripe, y curiosamente ambos forman parte del grupo de “miembros fundadores” de la llamada Libra Association con sede en Ginebra, Suiza.

Otro de los aspectos importantes de Libra es que se trata de una criptodivisa desarrollada bajo una licencia Open Source, concretamente bajo licencia Apache 2.0, algo que es un movimiento especialmente destacable que permitirá auditar su código y, como aseguran en Facebook, que los desarrolladores proporcionen sus comentarios y participen en programas de búsqueda de errores. La red inicial de pruebas se lanzará pronto, mientras que el despliegue definitivo, el que verán los usuarios, no llegará hasta 2020, sin especificar más.

Esta criptomoneda contará además con ese carácter de stablecoin. Habrá una reserva económica que estará basada en depósitos bancarios o fondos en monedas como el dólar, la libra esterlina, el euro o el yen. La moneda no estará del todo ligada a esas divisas, sino que tendrá tasas de cambio variables, como si se tratara de una moneda fiat más.

Aún así parece que sus creadores y la Libra Association quieren equiparar su valor al de las principales monedas y hacer por tanto que una Libra tenga un valor similar al de un dólar, un euro o una libra esterlina, algo que ayudaría a conceptualizar esta criptodivisa y a usarla de forma mucho más natural.

Hablemos de consensos bizantinos y de descentralización

Esta criptodivisa hará uso de una cadena de bloques propia llamada Libra Blockchain, que hace uso de un protocolo de consenso llamado Byzantine Fault Tolerant (BFT). Este protocolo trabaja impulsando la cooperación, no la competencia, y en sus bases está el célebre problema de los dos generales.

Bft

En lugar de un escenario en el que los participantes (los “mineros” en otras plataformas) trabajan de forma independiente compitiendo para crear bloques, en los algoritmos BFT se trabaja en colaboración para llegar a un consenso sobre cuál debe ser el aspecto del siguiente bloque: si la mayoría (dos terceras partes, en este caso) llega a un acuerdo, el bloque se añade a la cadena de bloques.

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La ventaja fundamental de algoritmos BFT frente a otros sistemas de consenso como la Proof of Work (PoW) o Proof of Stake (PoS) es que se tiende a tener menos participantes en el consenso, pero todos ellos tienen un alto grado de confianza en el resto, algo que permite que su rendimiento sea mayor en cuanto a número de transacciones por unidad de tiempo. Esto es especialmente importante, y era uno de los factores que limitaban la adopción de bitcoin u otras criptodivisas como sistemas de pago.

Pero eso implica además una pérdida de la descentralización de la que presumen bitcoin y otras criptomonedas “clásicas” con sus respectivas blockchain. Libra BlockChain iniciará su actividad como una red que solo permitirá acceso a ciertos usuarios (algo así como una beta cerrada/privada), pero la Libra Association indicaba cómo el objetivo es el de operar como “un verdadero servicio público”, lo que abrirá el acceso a cualquier usuario.

Esa pérdida de descentralización es evidente si tenemos en cuenta que existen una serie de “nodos de validación” que compondrán esa red de transacciones económicas, pero a diferencia de lo que ocurre con bitcoin u otras criptodivisas, uno podrá montar un nodo por las buenas. Al menos, no al principio.

Una nueva oligarquía

Se habla sobre todo de empresas, y éstas tendrán que hacer un ingreso inicial mínimo (mínimo, pero puede ser mayor) de 10 millones de dólares en los llamado Libra Investment Tokens, unas monedas asociadas a la plataforma y que servirán para crear incentivos o costear toda la operativa de la plataforma: no se darán a cualquiera, y en cierta forma esto nos recuerda a una ICO, pero de nuevo, privada.

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El requisito de inversión es obligado para empresas, pero no para ONGs, o instituciones académicas, que podrán unirse a la asociación sin pagar esos 10 millones, pero eso sí: tendrán que crear un nodo de validación y gestionarlo con el coste que eso supone. Algunos llaman a la Libra Association, formada inicialmente por 28 empresas, “la nueva oligarquía de las criptodivisas” y no les falta razón.

Los requisitos para entrar van más allá de esa inversión, y no son pecata minuta: tendrán que tener una línea dedicada de 100 mbps o más, un ingeniero dedicado a garantizar la fiabilidad del nodo, seguridad de grado empresarial, o cumplir hitos en la hoja de resultados como su valor de mercado (más de 1.000 millones de dólares) sus balances en valor de usuarios (500 millones de dólares) o llegar a 20 millones de personas al año.

Según las estimaciones preliminares del documento publicado por Facebook, cada nodo de validación tendrá un coste anual de unos 280.000 dólares, un precio elevado que de nuevo se diferencia mucho del coste prácticamente nulo de crear un nodo en otras criptodivisas.

Eso sí: aunque en esa versión inicial esos nodos de validación tendrán esos fuertes requisitos, con el tiempo la plataforma se ha diseñado para que haya una transición de esos miembros fundadores “a gente que tiene Libra y tiene una participación en el ecosistema global”. Así pues parece que abren la puerta a una futura descentralización en mayor medida.

Pérdida de (un poco) de privacidad y anonimato

Las transacciones que se lleven a cabo con esta criptodivisas serán además “pseudo-anónimas”. Esto quiere decir que habrá ciertos datos visibles como la cantidad de “Libras” -atentos a la confusión con las libras esterlinas, curiosa elección de nombre-, la marca de tiempo que indica cuándo se hace la operación y las direcciones públicas de la cadena de bloques implicadas en la transacción.

La Libra Association ha indicado que no mantendrá datos personales sobre quién usa la cadena de bloques. La propia aplicación-monedero para Libra, llamada Calibra, se ha creado para (según Facebook) asegurar la separación entre los datos sociales y los financieros, y para permitir que nuevos servicios se desarrollen y gestionen aprovechando la red Libra.

La realidad es que las suspicacias aparecerán fácilmente si uno se pone a pensar en quiénes forman parte de la Libra Association. Visa, Mastercard, PayPal, Stripe, eBay, Facebook, Uber, Lyft -curiosa esa apuesta de ambos servicios- Spotify, o Vodafone son algunas de esas empresas, y los datos -anónimos, esperemos- que se generen en esas transacciones serán oro puro para todas ellas.

Esos datos, además, tendrán un fuerte componente identificativo. El monedero, Calibra, solo podrá usarse si el usuario presenta un documento de identificación oficial que lo asocie a ese monedero creado. Decimos adiós al anonimato que proporcionan muchas criptodivisas y que por ejemplo era el principal argumento clave de algunas de ellas, como por ejemplo Monero.

Eso, claro, tiene sus pros y sus contras. En Facebook aseguran que Libra quiere ser una moneda legal, quieren evitar fraudes, pero a la vez indican que “la actividad de cada transacción en Calibra será privada y jamás se hará pública”.

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Como hemos explicado hace unas horas Calibra no compartirá información de cuentas ni datos financieros con Facebook ni con ningún tercero sin el consentimiento del cliente. Habrá excepciones, como la prevención de fraudes y delitos y el cumplimiento de la ley, algo que es habitual contemplar en otras redes sociales que pueden ayudar a los cuerpos de seguridad en casos muy especiales.

Lo que no es tan habitual es ver cómo en los términos de uso se indica que “Calibra puede compartir datos globales con Facebook, Inc. o terceros, relacionados con el rendimiento de sus productos y servicios”, algo que según la empresa no hará posible vicular ciertos datos a una persona concreta.

Como apuntan algunos, la expectativa de privacidad podría por tanto verse totalmente minimizada, y aunque Facebook haga promesas al respecto, los recientes escándalos de privacidad no ayudan a confiar demasiado en su palabra. Puede que al final acabemos haciéndolo, porque si algo ha quedado demostrado con Facebook es que los seres humanos tenemos muy mala memoria.

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